Guía Episodios

Introducción

Acto 1

Acto 2

Acto 3

Acto 4


Producción #V1001 - Episodio 01
 


GUIÓN
Linda Crist


DIRECCIÓN
Denise Byrd


PRODUCCIÓN
Carol Stephens

SCREENGRABS
Judi Mair


GRÁFICOS
Lucia


TÍTULO EPISODIO GRÁFICO
MaryD

TRADUCCIÓN
XENACENTRO



INTRODUCCIÓN

 

ABRE DE NEGRO:

 

EXT. CAMPO DE BATALLA DE LA LADERA - DÍA

 

Hay nubes y niebla. La ladera está muy verde, con unos pocos árboles pequeños y rocas, pero en su mayor parte es abierta. Asentado en lo alto de la colina hay un enorme castillo construido de húmeda piedra gris, con arqueros apostados a lo largo de la muralla.

 

De un extremo a otro del campo de batalla, dos ejércitos se enzarzan en un conflicto armado y sangriento. Muchos soldados han caído, y sus cuerpos muertos y agonizantes están desparramados por la ladera.

 

ACERCAMIENTO A:

 

EXT. A LOS PIES DEL CASTILLO - DÍA

 

Dos hombres pelean ferozmente a los pies del castillo; sus espadas chocan una y otra vez mientras fragmentos de metal se desprenden de sus hojas. Ambos respiran pesadamente y están abundantemente cubiertos de cieno y sangre. La niebla gotea por sus rostros y sus pesados abrigos de armadura bien confeccionada.

 

Repentinamente, uno de ellos retrocede al perder equilibrio en el resbaladizo suelo. Mientras trastabilla, el otro soldado ve su oportunidad y blande la espada con toda su fuerza, rebanando al primer hombre en el abdomen, alcanzando su carne.

 

Sangre se desparrama por doquier mientras el hombre herido cae al suelo.  El soldado que permanece en pie eleva su espada hacia el cielo.

 

SOLDADO

(rugiendo fuertemente)

¡He matado a Uther Pendragon!

¡Larga vida a los sajones!

 

Pendragon se apoya en un codo y, tomando su espada, la hunde en el estomago del hombre antes de caer al suelo.

 

PENDRAGON

(susurrando)

Y yo te maté a ti, bastardo.

 

 

Los ojos del otro soldado se  abren completamente mientras deja caer su espada y se  aferra el abdomen con ambas manos; entonces cae junto a Pendragon. Sus sangres se mezclan mientras comienza a llover.

 

PENDRAGON

(continúa, con los ojos cerrados)

Larga vida a Camelot.

 

ACERCAMIENTO A:

 

EXT. A LO LARGO DE LA LADERA - DÍA

 

Un joven soldado viene corriendo a través del campo de batalla, brincando sobre rocas y cadáveres. Pelea con cada enemigo que le hace frente, dejando más cadáveres de soldados a su paso.

 

SOLDADO

(gritando)

¡Padre!

 

Llega hasta Pendragon y cae de rodillas, acunando la cabeza de Pendragon en su falda.  Mira con odio al hombre junto a él y gruñe de satisfacción.

 

SOLDADO

 (continúa)

Un rey por un rey. Bien.

 

Incluso mientras habla, el ejército sajón se retira al percatarse de que su líder ha caído también. El soldado observa la retirada con lágrimas recorriendo su rostro.

 

SOLDADO

 (continúa, gruñendo)

Se han ido.  Por ahora.  Pero

volverán... Siempre vuelven.

 

Mira tras él hacia arriba.

 

SOLDADO

 (continúa)

¡Abran las puertas!

 

Las puertas se abren y él arrastra a Pendragon al interior antes de que las puertas se cierren de nuevo con un golpe, no dejando pasar el ruido de la desfalleciente batalla.

 

CORTE A:

 

INT. CASTILLO - DÍA

 

El interior está silencioso y escasamente decorado, con sólo unas antorchas ardiendo en candelabros a lo largo de las paredes de una amplia cámara de entrada.  En una punta, un fuego resplandece en una enorme chimenea.  El soldado recuesta a Pendragon en una suave y gruesa alfombra junto al fuego, aún sosteniendo su cabeza en su falda y acariciando su cabello empapado por la lluvia.

 

SOLDADO

 (solloza silenciosamente)

Oh, padre.

 

Los ojos de Pendragon parpadean rápidamente y éste sonríe débilmente, elevando una mano temblorosa y tocando la mejilla del soldado.  En su antebrazo hay un tatuaje de un dragón.

 

PENDRAGON

Arturo. No hay otra cara que prefiriera

ver antes de cruzar.

 

ARTURO

(sorbiéndose la nariz)

No debes hablar así.

 

Cubre la herida de Pendragon con una mano, y la sangre se escurre por sus dedos.

 

ARTURO

(continúa)

Vivirás para pelear otro día.

Derrotaremos a los sajones.

 

PENDRAGON

Sí, lo haremos. Pero no seré yo

quien los venza.

 

Cubre la mano de Arturo con la suya.  Mientras hablan, un grupo de soldados y otros sirvientes del castillo se reúnen alrededor de la chimenea, parados a respetuosa distancia para permitir a padre e hijo sus últimos momentos juntos.  Se oyen doncellas llorando.

 

PENDRAGON

(continúa)

Te encomiendo Camelot, Arturo. 

Ve y toma a Excálibur. Ha llegado el momento

y te pertenece. Conducirás a mi ejército a la victoria

y repelerás a los sajones.

 

Arturo echa una rápida mirada a una bóveda, donde antorchas gemelas iluminan una gran piedra cuadrada gris. Su luz destella en la empuñadura de una espada ornamentada clavada profundamente en el centro.

 

 

ARTURO

(confundido)

¿Excálibur?  Pero la Dama....

 

Pendragon gruñe de dolor.

 

PENDRAGON

La Dama lo predijo. El que pueda

extraer a Excálibur liderará a mi

 gente cuando no esté. Tú eres ese. 

Ve y enorgulléceme. Te quiero, hijo.

 

Los ojos de Pendragon se cierran y su cabeza se inclina hacia un lado al exhalar su último aliento. Un grito sofocado por la conmoción se alza entre la multitud expectante. Arturo llora y se inclina para besar la frente de su padre.

 

ARTURO

(susurrando)

Yo también te quiero, padre.

 

Arturo pone con delicadeza la cabeza de su padre sobre la almohada y se pone en pie, caminando con decisión hacia Excálibur. Rodea la piedra en la que ésta se encuentra y la sujeta por la empuñadura mientras alza la vista hacia la multitud.

 

ARTURO

(continúa)

¡Por Camelot!

 

Tira de la espada, pero ésta no quiere moverse. La agarra con más firmeza y tira de ella de nuevo con el mismo resultado. Retrocede un paso, se escupe en las manos y se las frota. Entonces vuelve a Excálibur preparado para intentarlo por tercera vez.

 

ARTURO

(continúa, jadeando)

¿Qué pasa?

 

Arturo observa algo en la superficie expuesta de la hoja. En su brillante superficie plateada ve un par de llamativos ojos azules enmarcados en negro cabello con un estruendo.

 

 

Arturo abre los ojos completamente asombrado.

 

ARTURO

(continúa)

¿Quién es esa mujer?

 

Se aleja de la espada, moviéndose hasta la esquina de la alcoba, desde donde se observa un estante donde descansa un pila de hidromancia, fija su mirada en la superficie del agua, dejando escapar un largo suspiro.

 

ARTURO

(continua)

Te llamo una vez mas  Viviana, Dama

del lago, Guardiana de Excalibur.

Te lo suplico Dama, concede ahora esto,

mi derecho de nacimiento para portar Excalibur

 y devolverle a los Sajones nuestra tierra.

 

Lentamente, el rostro de una hermosa mujer se empieza a vislumbrar enerficie del agua.

 

DAMA VIVIANA

Lo siento Arturo, otra ha reclamado

Excalibur, otra que vive aún.

Será ella y sólo ella quien podrá portarla.

debes encontrarla. Ella es quien

tiene en sus manos el destino de Camelot

 

ARTURO

Pero… pero Excalibur.

Tú lo prometiste.

 

Arturo  se echa para atrás, meditando sus opciones, vuelve a inclinarse sobre la pila.

 

ARTURO

(continua)

Dama, por amor a Camelot,

¿Cómo debo encontrar a esa mujer?

¿Dónde esta? ¿Cuál es su nombre y cuando

fue que reclamo su derecho sobre Excalibur,

sin que nosotros lo supiéramos? Yo... yo no entiendo

 

DAMA VIVIANA

Ella estuvo aquí hace poco más  de 33 inviernos.

 Con respecto a como has de encontrarla,

eso corre  por tu cuenta Arturo Pendragon.

 

Las facciones de Viviana empiezan a desvanecerse, ondulando entre la superficie del agua.

 

 

ARTURO

(desesperadamente)

Dama, NO. Por favor, necesito

Más información,  te lo suplico...

 

Es muy tarde y Vivane desaparece. Arturo se endereza y vuelve sus pasos al centro de la cámara, alza la vista, con los puños apretados a sus costados.

 

ARTURO

(gritando)

¡¡¡Merlin!!!

 

Su voz resuena por entre las paredes de la cámara.

 

FUNDIDO A NEGRO.

 

FIN DE LA INTRODUCCIÓN

ACTO UNO