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ACTO TERCERO

 

ABRE DE NEGRO:

 

EXT. SUEÑO DE XENA - MAÑANA

 

El cielo brilla con la luz del sol mientras Xena se despierta.  Se descubre a si misma junto a una enorme y bien conservada CASA situada en las afueras de una próspera ALDEA. La casa es amplia y robusta, con un techo reciente cubierto de paja y un amplio porche rodeado de árboles en tres de sus cuatro lados. Dos MECEDORAS situadas a la izquierda de la puerta abierta, y un CHAL colgando en el respaldo de la más alejada.

 

Xena traslada su mirada de la casa a la ciudad. Por lo que ve, parece pacífica, alegre y vistosa. No hay voces enfadadas rompiendo la tranquilidad que ella puede sentir a su alrededor.

 

Las agudas risas de los niños rompen su ensueño, y levanta la mirada cuando cuatro muchachos, agarrados de la mano, corren a su lado para entrar en la casa.

 

Mas risas se elevan en la casa y llevada por su natural curiosidad, Xena silenciosamente avanza dos pasos desde el porche. Permanece en las sombras del techo sobre ella mientras mira desde una esquina y a través de la puerta. 

 

La habitación está animada con niños de todas las edades que ríen y corren en el amplio y brillante espacio. El grupo se separa un momento y Xena se queda helada, inconsciente de que su mandíbula ha caído hasta quedarse con la boca abierta.

 

 

Ante ella, en una acolchada y usada silla, está sentada Gabrielle. Mucho más vieja de lo que realmente Gabrielle es, su cabello  brillante, blanco como la nieve, largo y suelto sobre sus hombros. Su rostro  marcado por toda una vida de risas, y sus ojos, por lo que Xena puede ver de ellos, siguen siendo las dos brillantes gemas verdes de su juventud. Su cuerpo es más delgado, todavía erguido para su edad, y sigue siendo la más bella visión que Xena ha visto nunca.

 

Un niño de no más de dos años se sienta acurrucado en su regazo, su cabeza descansando sobre su pecho, el pulgar metido en su boca. Gabrielle mece al niño suavemente mientras sus risueños ojos miran alrededor, observando las bromas de los otros niños mientras juegan.

 

Esos ojos se encuentran directamente con los de Xena durante una décima de segundo antes de abandonarlos sin reconocerlos. Xena siente una ligera punzada de tristeza antes de que la comprensión la golpee.

 

XENA

(murmurando)

No puede verme.
Genial.  Soy un fantasma.

(pausa)

Otra vez.

 

 

Suspirando, Xena sale de las sombras y permanece de pie directamente delante de la puerta. Los niños comienza a sentarse cuando Gabrielle trae un pergamino de la mesa de al lado. Forman un círculo a sus pies,  sus ojos brillando de anticipación mientras todos la miran.

 

Xena no puede ocultar la sonrisa que viene a sus labios, pero esta se desvanece rápidamente cuando una larga sombra cae sobre el grupo.  La sombra se mueve como un hombre, alto aunque ligeramente inclinado por la edad, entra en la habitación. Pareciendo tan viejo como Gabrielle, le resulta ligeramente familiar, pero Xena no puede ubicarle inmediatamente. Después el hombre tropieza con algo en el suelo, y su identidad se hace inmediatamente clara.

 

XENA

Virgil.

 

Sus ojos se entrecierran mientras un sentimiento que puede identificar fácilmente como celos surge a través de ella. Este sentimiento se hace más fuerte cuando observa a Gabrielle darle la bienvenida con una resplandeciente sonrisa e inclina su mejilla hacia él para ser besada, lo que él hace firmemente.

 

XENA

(suspirando)

Oh, Gabrielle....
Había esperando tanto....

 

Sus ojos se abren ampliamente.

 

XENA

(continua)

Esperanza.  De eso va esto.
Mi esperanza. Por ti.

(pausa)

Por nosotros.

 

Xena observa silenciosamente mientras Virgil se aleja para recoger a varios niños que reclaman su atención. Está a gusto con ellos, sonriendo y riendo, y está muy claro para Xena que le importan profundamente. Así como  Gabrielle.

 

Xena suspira de nuevo y casi se da la vuelta cuando Virgil camina hacia la silla al lado de Gabrielle y se apoya en ella. Toma la mano de Gabrielle entre las suyas y amablemente la aprieta antes de soltarla. 

 

Algo, sin embargo, la mantiene pegada donde ellos están, mientras continua mirando como Virgil y Gabrielle, ambos bardos, se sientan para formar un grupo de felices niños.

 

A pesar de si misma, Xena sonríe ante el sonido de la voz de Gabrielle, que esencialmente no ha cambiado incluso después de los evidentes años que han pasado, usando su acostumbrada forma de hablar con los niños. Aunque las palabras son dichas suavemente por las jóvenes, y en algún caso, dormidas orejas, el ritmo en la voz de Gabrielle tranquiliza la perturbada  alma de Xena.

 

Xena estudia cuidadosamente a Gabrielle mientras habla. Los años han sido amables con ella. Resplandece de paz y satisfacción y una alegría que a veces Xena temió que se fuese para siempre brilla en sus ojos.

 

Xena mira a Virgil, cuya sonrisa es un recuerdo de la de su padre, y un destello de dolor surge en ella de nuevo.

 

XENA

Debería haber sido yo.

(pausa)

Debería ser yo.

 

La historia termina y los niños aplauden y piden mas. Xena lanza una última y larga mirada a Gabrielle, como si guardara la visión en su corazón. Da un paso fuera, después se detiene.

 

XENA

(continua)

No.

 

 

Se queda quieta, atrapada entre irse y quedarse.

 

XENA

(continua)

No. Si esto es acerca de la esperanza, entonces

es acerca de mi esperanza. No solo

por Gabrielle también por mí.

 

Suspira y se da la vuelta.

 

XENA

(continua)

No me iré así.

(pausa)

No puedo. Debemos estar juntas, y

creo en eso con todo mi corazón.

 

 

Tomando aire, cruza de nuevo el umbral y da un paso hacia su interior.

 

Gabrielle levanta la vista de los niños,  atraída como siempre por la conexión entre sus almas. Su sonrisa ensombrece al sol en todo su resplandor. 

 

GABRIELLE

¡¡Xena!!

 

Virgil levanta la mirada, encontrándose con los ojos de Xena y sonríe. La sonrisa acarrea también un sonrojo, se encoge de hombros culpablemente mientras se levanta de la silla al lado de Gabrielle y se aleja rápidamente.

 

VIRGIL

(en voz alta)

Lo siento.

 

Sorprendidos por la exclamación de Gabrielle, los niños se giran. Después también resplandecientes, saltan y rodean a Xena, colgando de sus piernas y su cintura, dándole la bienvenida con una exhuberancia que solo los niños poseen.

 

Y de pronto, ella los conoce a todos, desde el más joven, (su bisnieto por parte de Eve) hasta el mayor (uno de los de Virgil). Mientras se inclina para abrazarlos a todos, un mechón de plateado cabello -el suyo, se da cuenta- brevemente oscurece su visión. Puede sentir cada articulación por su dolor, cada cicatriz por la tensión en su piel, cada herida recibida en batalla, y se da cuenta que nunca ha sido más feliz en su vida.

 

 

Había estado preocupada de que caminando a través de esa puerta hubiera cambiado el futuro. En lugar de eso, se da cuenta de que ella ha sido parte de esta imagen todo el rato.

 

Se estira cuando siente la presencia de Gabrielle a su lado, y abre los brazos ampliamente al amor de su vida. Se abrazan fuertemente, tiernamente, completamente.

 

GABRIELLE

(continua)

Bienvenida a casa, Xena.

Bienvenida a casa.

 

Una brillante luz resplandece y la escena se disuelve en un millón de pedazos antes de desaparecer hasta la oscuridad.

 

CORTE A:

 

INT. TEMPLO DE LAS VIRTUDES - TARDE

 

Gabrielle sonríe mientras la visión en el espejo se fragmenta hasta convertirse en nada.

 

GABRIELLE

Haré todo lo que esté en mi poder para

que ese sueño se haga realidad, Xena.

 

 

Janos gruñe y se levanta de la silla. Es obvio que el juicio no va como él esperaba.   

Andando a zancadas por la habitación, murmura algo inaudible al sacerdote, después vuelve junto a Gabrielle, frunciendo el entrecejo

 

Gabrielle sonríe satisfecha.

 

JANOS

Esto está lejos de terminarse, Gabrielle.

 

GABRIELLE

Tanto como yo estoy preocupada, Janos,

se terminó antes de empezar.

(pausa)

Xena es una mujer honorable.

 Si necesitas una farsa como esta para

probártelo a ti mismo, bien. Yo no lo necesito.

 

Janos gruñe y vuelve a sentar en su silla.

 

JANOS

Veremos.

 

CORTE A:

 

EXT. SUEÑO DE XENA - DÍA

 

Xena despierta en una cegadora tormenta de nieve. Todo lo que puede ver es  un helado páramo. Hacia el este se mueve una enorme nube negra, pareciendo insensible incluso  a los helados vientos. Hacia el oeste, un claro en el horizonte promete algo de alivio en la tormenta.

 

Xena está vestida con su traje de cuero, botas y una capa de lana. Su armadura y sus armas están ausentes. La nieve le llega a las rodillas y sigue subiendo. Comprobando el páramo en todas las direcciones, finalmente gira hacia el oeste y empieza a caminar.

 

Mientras camina, comienza a pasar lo que ella descubre como una larga y esparcida línea de gente helada, mugrienta y cubierta de hollín que se encamina hacia el oeste, como ella.

 

Un envejecido y enjuto hombre con una larga y mugrienta barba levanta una mano saludando mientras su mirada se cruza con la de Xena.

 

HOMBRE

Guerrera.

 

Xena asiente.

 

El hombre la mira con los ojos entrecerrados a través de la nieve que cae, después asiente para sí mismo, satisfecho.

 

HOMBRE

(continua)

No pensé que fueras uno de ellos.

 

XENA

¿Ellos?

 

 

 

 

HOMBRE

Los matones que quemaron nuestra aldea. 

(pausa)

Bastardos.  No teníamos ni dos dinares

juntos y aun así, ellos nos saquearon

después lo quemaron todo por diversión.

 

El anciano escupe en la nieve, después pasa su mano sobre su boca.

 

HOMBRE

(continua)

Solo hay muerte ahí detrás ahora.

Y muerte delante, también con esta tormenta.

 

El anciano suspira.

 

HOMBRE

(continua)
Adiós, Guerrera.

 

Xena levanta una mano, y el hombre desaparece en la intensa tormenta.

 

FUNDE A:

 

EXT. SUEÑO DE XENA - DÍA

 

La tormenta casi ha doblado su intensidad. Xena continua caminando, inclinada en el arremolinado viento. Su cabeza está profundamente metida en la capucha de su capa.

 

Levanta la vista cuando oye un débil llanto. Un hombre, una mujer y dos pequeños niños, están luchando en la ventisca. Están vestidos con unos harapos cubiertos de hollín que poco les protegen del amargo frío.

 

Un niño de no mas de cuatro años está chillando mientras su madre tira de él para sacarle de la nieve. Su rostro está colorado, mientras sus manos y sus pies, desnudos, están pálidos con un blanco no natural.

La mujer abraza al niño tanto como puede contra su pecho, pero hambriento y helado, no puede ser consolado.

Xena se dirige en dirección de la batalladora familia, y une sus pasos con los suyos.

Cuando la madre la ve, se detiene y aprieta a su hijo con más fuerza contra ella como si sujetara un escudo.

 

MADRE
¿Quién eres? ¿Qué quieres?
(pausa)
¡No tenemos nada!  ¡Ellos se lo llevaron

todo! ¡Por favor, déjanos en paz!

 

Xena los mira uno a uno, asumiendo las flacas y flácidas carnes y el vacío de sus ojos mientras todos la miran.

Acercándose, se desata la capa y la balancea sobre sus hombros, sujetándola ante la mujer.

 

XENA
Para tu familia.

 

La mujer se echa para atrás, como si Xena llevara un arma, y grita. El niño que lleva en brazos imita su grito, mientras su hermana, una niña de no más de siete años, esconde la cabeza tras la cadera de su padre, sus ojos cerrados fuertemente con  miedo .

 

XENA
(continua)
Tómala. Os abrigará.

 

 

La mujer y su marido continúan mirándola como si fuera un demonio nacido de las profundidades del Tártaro y hablara un lenguaje que no pueden entender.

 

XENA
(continua)
Adelante. Tómala.

 

Después de un largo momento, el padre da un paso adelante, su postura como un perro maltratado arrastrándose ante su maestro, inseguro de si será golpeado o alabado. Una temblorosa mano se acerca y  arrebata la capa de los dedos de Xena. El hombre vuelve hacia atrás rápidamente, permaneciendo cerca de su mujer y sus hijos. Sus ojos hundidos, oscuros y desconfiados incluso mientras sujeta la capa con fuerza. La abraza contra su pecho como si temiera que ella se la pidiera de vuelta.

Ninguna palabra de gratitud sale de sus labios.

Xena asiente como si lo hubieran hecho,  y continua su camino.

 

CORTE A:

 

INT. TEMPLO DE LAS VIRTUDES - NOCHE

Gabrielle y Janos observan intensamente mientras la escena se desarrolla ante ellos. Ninguno habla, tan atrapados están en el drama mientras este evoluciona delante de sus ojos.

 

CORTE A:

 

EXT. SUEÑO DE XENA - DÍA

La tormenta, aunque sigue soplando con fuerza, ha menguado de alguna forma. Como si completara la diferencia, un amargo y entumecedor frío ha descendido para tomar su lugar.  Xena camina rápidamente, manteniéndose caliente por los movimientos de su cuerpo. Las heladas agujas de nieve aguijonean su rostro y su cuerpo en espasmos y sobresaltos. Sus ojos se estrechan cuando divisa un par de ensangrentadas huellas a su izquierda. 

Rompiendo a correr, sigue las huellas hasta que le llevan a la persona que las está provocando.

Es un hombre, tan viejo como para ser anciano. Está extenuado. Su piel parece colgar de los huesos solo por la fuerza de voluntad.  Su túnica interior es la única ropa que viste, y ha sido reducida a harapos por la tormenta. Sus pies están desnudos y ensangrentados. A su lado una mujer tan vieja como él,  envuelta solo en una andrajosa y raída  túnica. Sus ojos están completamente vacíos, sin mostrar ningún brillo de vida en ellos, y solo se mueve ante la urgencia de él, como un muñeco. Es obvio que si él la dejara ir, ella se quedaría en el mismo lugar hasta morir.

Por eso, él cojea sobre unos congelados y ensangrentados pies, moviéndose solo para mantenerse ambos vivos.

Xena se aproxima, y el hombre se gira hacia ella, las lágrimas congeladas sobre su mejilla azotada por el viento, una pregunta en sus ojos.

 

XENA
Tus pies. No durarás

mucho tiempo así.

 



ANCIANO
¿Qué puedo hacer? Si paro, ambos

moriremos. Ella no se irá sin

mi. Yo no me iré sin ella.
(pausa, murmurando)
Ella es todo lo que tengo.

 

Xena le mira más de cerca. Puede ver el amor y la absoluta devoción en sus ojos. Una devoción a esta mujer que es su esposa. Reconoce esa mirada, habiéndola visto en sus propios ojos demasiadas veces para contarlas, y toma una decisión.

Inclinándose, fuerza sus dedos entumecidos a desatar los helados cordones.

 

ANCIANO
(continua)
¿Qué estás haciendo?

XENA
Todo va bien.

ANCIANO
Pero....

XENA
Todo va bien.

 

Ambas botas finalmente se aflojan en sus pies, hinchados por la humedad y el amargo frío. Se endereza, con las botas en la mano.

 

XENA
(continua)
Toma. Te ayudaré a ponértelas.

ANCIANO
No puedo....


XENA
Si puedes. Levante el pie.

ANCIANO
Pero…

XENA
(suave pero enérgica)
Levante el pie. Vamos.

 

 

Soltando la mano de su mujer, el hombre levanta el pie y lo desliza, sobresaltado, en la abertura de la bota de Xena. Ella coloca el pie dentro, después rápidamente ata los cordones tan fuerte como es capaz. El segundo pie es cubierto con la misma rapidez.

 

XENA
(continua)
Tendrás que buscar un sanador una vez

que llegues a donde te diriges,

pero esto debería servir por ahora.

 

El anciano baja la mirada a su pies, frescas lágrimas deslizándose suavemente por sus mejillas.

 

ANCIANO
Yo… no sé como darte las gracias.

 

Xena le da una pálida sonrisa, intentando ignorar los agudos pinchazos de dolor en sus propios pies desnudos.

 

XENA
Me alegro de poder ayudar.
(pausa)
Adelante. Buena suerte a ambos.

 

Antes de que el hombre pueda contestar, Xena se gira y comienza a correr hacia el oeste y hacia la luz que brilla en el horizonte, una vez mas.

 

CORTE A:

 

EXT. SUEÑO DE XENA - NOCHE

La tormenta ha soltado su agarre sobre la tierra, y la oscuridad ha caído completamente en el resplandor de brillantes estrellas esparcidas por el aterciopelado tapiz del cielo nocturno. Xena continua corriendo. Su aliento sale de sus pulmones en chorros de vapor; sus pies,  agrietados y entumecidos, están dejando un rastro de sangre que hasta el  matón más idiota no tendría ningún problema en seguir. Está hambrienta, sedienta y al borde de la hipotermia. Corre tanto para mantener alejado el persistente cansancio como para mantenerse  caliente.

La noche está silenciosa, como solo las amargas noches heladas pueden estarlo, pero ese silencio es roto por la suave lamentación de una joven. Los sentidos de Xena se aceleran, y cambia de dirección, dirigiendo sus pasos hacia el sonido.

 

Se detiene ante una madre y su recién nacido, acurrucados juntos en la nieve. La mujer está vestida con andrajosos harapos. El bebé tiene un lado envuelto y nada mas. Su piel es tan blanca como la nieve que lo rodea, y sus labios están azules. La joven levanta la mirada, su rostro un congelado cuadro de miedo y angustia.

 

Xena se pone en cuclillas junto a ellos, ignorando los estridente chirridos de agonía lanzados por sus congeladas articulaciones.

 

XENA

¿Qué ocurre?

 

 

MUJER

Mi…mi bebé....  yo…no puedo

despertarle....  él no toma

su leche.... ni siquiera llora....

 

Xena levanta los brazos.

 

XENA

¿Puedo?

 

La mujer mira a Xena, sin comprender. Después con un suave y desesperado suspiro, le tiende el bebé.

Xena toma al niño y lo sujeta contra ella. Su piel es como el mármol, fría y rígida mientras permanece sin movimiento en sus brazos. Ella coloca una mano sobre su pecho, pero su propia piel está demasiado entumecida para decir si sube y baja con su movimiento. Aguantando el rostro del niño contra el suyo, gira su mejilla y espera. Un pequeño y débil soplo de aire la calienta, seguido por otro, y después otro
.

 

MUJER
¿Está…?

XENA
Está vivo pero helado.

La mujer se sonroja y aparta la mirada.

MUJER
He intentado mantenerle en calor, pero....


XENA
Lo sé.

 

Xena acuna al niño en su pecho, intentando compartir su propio y escaso calor. El niño se  mueve  ligeramente, sus ojos agitándose antes de volver a cerrarse.

 

MUJER
¿Por qué no se despierta?

XENA
El frío. Le hace querer dormir.

 



MUJER
¿Morirá?

 

Xena mira a los ojos a la mujer. La verdad es evidente en ellos. La mujer palidece y vuelve a desviar la mirada.

 

MUJER
(continua, murmurando)
Por favor… ayúdalo....


Tendiendo el bebé de nuevo a su madre, Xena se levanta y se ocupa de las correas de su uniforme de batalla. Las desliza hacia abajo sobre sus hombros, después se ocupa de los congelados cordones palpando con los dedos helados. Los lazos se sueltan, y ella desliza el cuero sobre su cuerpo hasta que cae sobre la nieve a sus pies. Dando un paso fuera de su vestido, lo levanta por uno de los lazos y se aproxima a la mujer una vez mas
.

La mujer mira hacia delante, confusa, pero deseosa de tenderle su niño de vuelta a Xena. 

Xena toma el niño y lo envuelve en su cuero. Rápidamente y con fuerza enlaza el traje hasta que lo fija cómodamente en torno al diminuto cuerpo. Después  agarra el borde su traje y rasga un largo pedazo. Envuelve el trozo en torno a la cabeza del niño para formar un tosco gorro que le ayude a mantener el calor que pueda reunir dentro de su cuerpo.

Tiende al bebé de vuelta a su madre, su expresión sombría.

 

XENA
Es lo mas que puedo hacer. Necesitarás

caminar toda la noche, tan rápido

como puedas, y detenerte en la primera

casa a la que llegues. Si se despierta,

intenta alimentarle. La leche debería

calentarle por dentro.

 

La mujer mira a Xena, sus ojos brillando con gratitud.

 

MUJER
(medio sollozando)
Gracias. Oh, bendita seas.

Has salvado su vida.

 

Xena sacude la cabeza.

 

XENA
Todavía no está a salvo.

 

Xena ayuda a la mujer a levantarse y la dirige en la dirección correcta.

 

XENA
(continua)
Ve, ahora. Date prisa.

 



MUJER
Gracias. Bendita seas.

Nunca olvidaré esto. Nunca.

 

Xena mira mientras la mujer rompe a andar, arrastrando los pies, hacia el oeste. Un momento después, ella sigue, con su andrajoso vestido y nada mas.

 

CORTE A:

 

EXT. SUEÑO DE XENA - ANTES DEL AMANECER


Xena ha corrido toda la noche, pero es obvio que está al final de sus fuerzas. Todo su cuerpo está congelado. Sus pies continúan dejando un rastro de sangre. La piel de su rostro está floja, su expresión es una mueca helada. Su carne es el del color de la nieve caída, y sus labios y uñas son de un oscuro azul. Sus ojos están rodeados por sombras grises, y sus  párpados caen repetidamente como si luchara contra el seductivo tirón del sueño hipotérmico.

Tropieza, se endereza, vuelve a tropezar, cayendo en la nieve. Tira de si misma hacia arriba, tambaleándose unos cuantos pasos mas, cayéndose de nuevo.

 

 

Esta vez no se levanta. El mundo a su alrededor se vuelve gris y luego negro mientras su cuerpo finalmente se rinde en su valiente lucha contra el sueño y la fría mano de la muerte.

 

CORTE A:

 

INT. TEMPLO DE LAS VIRTUDES - ANTES DEL AMANECER


Cuando la imagen en el espejo se desvanece, Gabrielle salta, solo para ser refrenada por Janos. Le golpea, apartándole, como si no fuera mas que un molesto insecto y corre hacia la mesa donde Xena yace inmóvil.

 

GABRIELLE
¡Xena!
(pausa)
¡Xena, despierta!

¡Despierta, maldita sea!

 

 

Xena permanece inmóvil. Acercándose, Gabrielle la agarra por los hombros, sobresaltada ante la helada frialdad de su carne, y la sacude una vez, dos veces. El blando cuerpo de Xena se mueve bajo la fuerza como un guiñapo.

 

GABRIELLE
(continua)
¡¡¡Despierta!!!  ¡Xena, por favor!

¡¡Despierta!!

 

Soltando a su silenciosa compañera, Gabrielle se gira hacia el callado sacerdote, los dientes  apretados con furia.

 

GABRIELLE
(continua)
Despiértala. ¡¡AHORA!!

 

El sacerdote suavemente mueve la cabeza.

Gabrielle agarra los pliegues de su túnica y tira de él hasta que están a apenas unas pulgadas uno de otro.

 

GABRIELLE
(continua)
Yo.  Dije.  ¡¡¡AHORA!!!
(pausa)
¡Se está muriendo!  ¿¡¿No puedes verlo?!?

¿¡¿¡¿Estás ciego?!?!?

 

 

Janos llega a sus pies.

 

JANOS
Gabrielle.

 

Gabrielle se gira sin soltar el agarre sobre el sacerdote.

 

GABRIELLE
(gruñendo)
¡Tu!

JANOS
Gabrielle, mira.

 

Janos señala el espejo.

Gabrielle se detiene, vuelve a girarse, sus ojos comprobando el espejo cuya lisa oscuridad está disolviéndose en un remolino grisáceo. Suelta al desventurado sacerdote y observa.

 

CORTE A:

 

EXT. SUEÑO DE XENA - AMANECER


Un niña que apenas ha comenzado a andar, vestida con unos desechados harapos, acerca su cuerpo en la nieve y se inclina sobre su helado hombro, dando golpecitos con el dedo .

 

NIÑA
Despierta.

 

Cuando la respuesta no llega, vuelve a golpear, más duro.

 

NIÑA
¡Despierta!

 

El PADRE de la niña mira, sacudiendo su cabeza.

 

PADRE
Déjala, Larissa. Está muerta.

 

Un gruñido sale del “cadáver” y los ojos de Xena se agitan hasta abrirse.

 

XENA
(con voz ronca)
No…muerta…todavía.

 

Larissa pega un salto, sorprendida, después sonríe.  Sujeta un andrajoso harapo.

 

LARISSA
Toma.

 

Invocando a sus últimas energías, Xena sacude la cabeza.

 

XENA
No. Tu... quédatelo....


LARISSA
Tómalo. ¿Por favor?

 

Xena sacude la cabeza de nuevo.

Larissa se gira hacia su padre, confusa.

 

PADRE
(con tristeza)
Ven aquí, Larissa.  No aceptará

caridad de alguien como nosotros.

 

Oyendo esto, Xena lucha por levantar su cabeza. Falla y vuelve a caer en la nieve.

 

XENA
No.  No... porque....  tu lo necesitas....

 

Sus ojos vuelven a cerrarse, su espíritu y su cuerpo agotados.

 


La MADRE de Larissa se acerca y permanece junto a su marido.

 

MADRE
No lo entiendo.

Lo ha dado todo.

PADRE
No, no todo.
(pausa)
Sigue teniendo su orgullo.

Mientras siga manteniendo

eso, nadie puede ayudarla.

 

La madre suspira.

 

MADRE
Qué triste.

PADRE
(encogiéndose de hombros)
Así son las cosas.
(a Larissa)
Ven aquí, niña.  Seguimos 

teniendo un largo camino antes

de llegar al pueblo.

 

La niña se gira con cabezonería lejos de su padre, y vuelve a golpear a Xena una vez mas, continuando hasta que la guerrera abre los ojos. Le ofrece una manta.

 

LARISSA
Tómala.  ¿Por favor?

 

 

Cuando Xena mira en los oscuros y fervientes ojos de la niña, se da cuenta de que a veces, recibir puede ser tan precioso como dar. Con la última de sus fuerzas, se inclina hacia delante y toma la ofrecida manta, tirándola sobre su pecho. Lo último que ve es la amplia sonrisa de Larissa.

 

XENA

Gracias.

 


VOZ
(fuera de cámara)
Ha mostrado la virtud de
la

Caridad, dando y recibiendo.

Estoy complacida. Se acabó.

 

La escena se rompe en brillantes pedazos de luz, que después giran y desaparecen en una profunda y grisácea niebla que se convierte en un liso negro.

 

FUNDIDO A NEGRO.

 

FIN DEL ACTO TERCERO

 

ACTO CUARTO